jueves, 15 de noviembre de 2012

Vela



«Faites que le rêve dévore votre vie afin que la vie ne dévore pas votre rêve»
Anne de l'Enclos

Hace ya cinco meses que comencé a tomar la medicación, no es ninguna ciencia, solo hay que recordar tomar un comprimido cada veinticuatro horas. El mismo es totalmente gratuito, nuestro estado en estos asuntos siempre es bastante generoso. Como costumbre fijé tomar la pastilla al despuntar el alba, cuando salgo de la facultad para ir a trabajar. Ni bien veo los primeros tonos rojizos del amanecer cuidadosamente saco el tarrito del bolsillo e ingreso una nueva píldora en mi estomago. Es totalmente insípida, la sensación en boca es como la de tragarse un botón de la camisa, no hace falta bajarla con agua, es bastante pequeña y no se pega a la garganta. El prospecto dice que no hay contraindicaciones peligrosas, sólo se observaron algunos casos con mínimos trastornos de falta de atención, pero es un porcentaje muy bajo.
No estaba muy seguro de comenzar con el tratamiento, pero ya casi no se consigue trabajo si no tomas el famoso Onirixil. No los culpo, para ellos la productividad es mucho mayor. Aunque también uno tiene más tiempo. El sueño ocupaba casi un tercio de nuestras vidas, ahora tenemos la mitad del día para nosotros y la otra mitad se la dedicamos al trabajo. No es que me guste trabajar doce horas seguidas, pero uno tiene que verle el lado positivo a las cosas. Ahora podes hacer una carrera mucho más rápido, con un poco de esfuerzo podés ser abogado en tres años o médico en cinco. El precio es no dormir, no soñar. Pero eso es una pérdida de tiempo, en este mundo no hace falta soñar...
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